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Primores, y II

Titulo: Primores, y II
Publicado: 24 del 01 de 2013

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Portada: 

Siguiendo con la agricultura del secano enguerino, más en concreto el apartado denominado Primores, hoy lo finalizamos precisamente con el apartado:

III.- Primores agrarios en tierras rojas
En este tercer bloque nos referimos a aquella agricultura, con punto álgido de esplendor en el cambio de siglos XIX-XX, con origen en la inmigración de gente de la Marina que, o bien huyen de los primeros síntomas de la filoxera o, tal vez, buscan materializar los excedentes en nuevas áreas de cultivo que, además, tenían diferencial significativo con los altos costes de producción en la Marina, relativos a la uva pasa.

Testimonios de dicha inmigración todavía son apreciables, aunque sólo sea atendiendo a la aparición de nuevos apellidos y algunos apodos con que la sociedad enguerina del momento los fue integrando tras “bautizarlos”. En efecto, los Carrió, los Panseros, los Canalí, los Barrenos y otros más son enguerinos provenientes de las Marinas –Alta y Baja–, que un día comenzaron a llegar a nuestras tierras y revolucionaron la producción del viñedo enguerino.
Tres son los enclaves en que, pensamos, se asentaron mayoritariamente, a saber: el Saytón hasta la Boquera, las Archemas y Benamil.

También en tierra roja tenemos la zona de Fraga que, colonizada por valenciano hablantes aunque no provienen de la zona de la Marina, alcanzaría la franja hasta el río, incluyendo los campos del Molino de viento y los Chalets; uno de cuyos enclaves –el comprendido entre el barranco de Lucena, el azagador de Fraga y el camino viejo de Sellent– excluimos de este apartado pues se desarrolló en el de norias o en el de grandes construcciones. Con todo, en esta zona estaban, además de la fuente de Fraga, los pozos del Molino de viento, los de los chaletes y el antiguo de Pepitín, así como los tapiados del tío Fausto y otros varios.
* * *
Pero es que, además de lo enumerado, quedan las dos grandes zonas, de tierra blanca y fresca, de las Archemas y la parte norte de Benamil, lo que fuera de los Albertos, que también estuvieron dedicadas a la uva de mesa para consumo en fresco y/o pasas.
A esta conclusión se llega gracias al razonamiento siguiente:

Como la uva para vinificación, entre nosotros y hasta tiempos recientes, sólo necesitaba agua en dos momentos muy concretos: el de la plantación en orden a ayudar alguna plantica y, significativamente, para la bodega o lagar, que solían estar en torno al pueblo, si no dentro del mismo. Por consiguiente, los grandes pozos que hemos encontrado debían tener otra finalidad que el autor la asigna al escaldado de las uvas.
Cultivo de la vid diferente al tradicional entre los nuestros en aquellas épocas que, arrancando del uso de nuevas variedades y un nuevo método de podado de las vides, pasaba por racionalizar las producciones segmentando los bancales en parcelas para aplicar el sistema de escaldado frente al tradicional del secado.
Toda esta nueva cultura de la vid, distinta de la tradicional destinada a vinificación, la debemos los enguerinos a aquellos emigrantes que, desde la Marina alicantina o valles del Vinalopó, nos aportaron sus conocimientos o, como dicen los modernos, su know–how
Pepe Cerdá

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